Qué escuchar antes de ver a Tygers of Pan Tang en Buenos Aires
Hay bandas que necesitan contexto. Tygers of Pan Tang no tanto. En realidad alcanza con escuchar un par de canciones para entender rápido por qué siguen siendo un nombre importante dentro de la NWOBHM.
El próximo 2 de junio llegan por primera vez a Argentina para tocar en CC Bula junto a Bardoma y Batial. Y para entrar en clima antes del recital, hay algunos discos que ayudan bastante más que cualquier biografía eterna.
Spellbound (1981)
El disco más fácil para entrar a la banda y probablemente el más sólido de toda su carrera.
Tiene riffs rápidos, un sonido bastante crudo y esa sensación de banda tocando al límite que muchas producciones modernas perdieron hace tiempo. “Gangland”, “Hellbound” y “Mirror” resumen bastante bien todo lo que hacía diferente a Tygers dentro de la camada británica de principios de los 80.
No envejeció como una pieza de museo. Sigue sonando urgente.
Crazy Nights (1981)
Más callejero, más filoso y con menos intención de sonar prolijo.
Acá la banda parece todavía más cómoda acelerando canciones y trabajando melodías sin perder agresividad. También es un disco que ayuda a entender por qué muchos músicos posteriores terminaron nombrando a Tygers como influencia aunque nunca hayan sido un grupo masivo.
The Cage (1982)
Probablemente el disco más discutido entre fanáticos porque empieza a mostrar una banda más orientada hacia un sonido más pesado y menos punk.
Igual tiene momentos enormes. Y sirve para ver cómo Tygers intentaba salir del molde sin perder identidad.
Lejos de vivir únicamente de la nostalgia, la banda siguió grabando discos y manteniendo actividad constante. Bloodlines, su trabajo más reciente, conserva bastante del ADN clásico sin intentar copiar el pasado de manera artificial.
No hace falta haber seguido la carrera completa de Tygers of Pan Tang para entender el valor de esta fecha. A veces alcanza con entrar a un lugar , escuchar una banda histórica sonando fuerte y recordar que gran parte del heavy clásico nació exactamente en escenarios así.
El 2 de junio en CC Bula no parece un recital pensado para la nostalgia exagerada ni para la foto perfecta: parece una de esas noches hechas simplemente para escuchar buenas canciones en vivo. Y en tiempos donde todo dura cada vez menos, eso ya tiene bastante valor

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